Buscando en sus escritos de un diario inconstante encontré algo que escribió para mí. Sentí emociones chocando. ¿Me voy a ir? sí… no. No me voy a ir. Aquí me voy a quedar y será mejor. Simple y real aunque no como el ideal que se quisiera alcanzar. Hay cosas que simplemente no es bueno tocar, pero sí mejorar. Así será lo de nosotros.
“Hay algo que tengo que escribir en un inútil ánimo de estar mejor y de esperar a que mejoren las cosas. Se resume en esto: en mi nació algo bello, y de cierta manera lo alimenté, aunque no supiera que hacer con él.
Me sentí como un niño pequeño, que encuentra un perro en la calle y lo recoge, pero aunque el perro sea lindo, tiene que esconderlo, porque simplemente no puede tenerlo. Lo guarda en un cuarto, o en un patio, Y lo quiere bastante, pero luego ya no puede encerrarlo.
Así fue un poco con el sentimiento que nació en mí: Simplemente no podía matarlo, pero tampoco pude guardármelo en calidad de secreto. Ella tuvo que enterarse. Y sucedieron cosas. Pero aún así no pudimos. Ella no soporta el pasado y yo no soporto la idea de estarla destruyendo cada vez que la busco o le muestro mi afecto.
Tengo miedo de haber dañado de manera irreparable algo que entre nosotros es simple pero que me hace muy feliz, solamente por haber dado un paso hacia el frente.
Ella se ha retirado (no definitivamente) y yo me he quedado aquí, pensando que no todo está perdido y que puedo arreglar algunas cosas. No quiero volverme fatalista y pensar que aquello que siento es mejor callarlo por siempre, pero por ahora ya lo dije y si las cosas van a cambiar espero que sea para bien, porque a ella no la quiero lejos de mí.
¿Y el perro? Digamos que creció un poco los últimos días. Ya no cabe en el armario y tampoco me voy a deshacer de él. Pero por el bien de todos voy a tener que mandarlo a clases de obediencia.”